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Día 93 de 365 · 3 de abril

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Deuteronomio 32

1«Presten atención, oh cielos, y déjenme hablar;
Y oiga la tierra las palabras de mi boca.
2-»Caiga como la lluvia mi enseñanza,
Y destile como el rocío mi discurso,
Como llovizna sobre el verde prado
Y como aguacero sobre la hierba.
3-»Porque yo proclamo el nombre del Señor;
Atribuyan grandeza a nuestro Dios.
4-»¡La Roca! Su obra es perfecta,
Porque todos Sus caminos son justos;
Dios de fidelidad y sin injusticia,
Justo y recto es Él.
5-»En forma pervertida se han portado con Él.
No son Sus hijos, debido a los defectos de ellos;
Son una generación perversa y torcida.
6-»¿Así pagan ustedes al Señor,
Oh pueblo insensato e ignorante?
¿No es Él tu Padre que te compró?
Él te hizo y te estableció.
7-»Acuérdate de los días pasados;
Considera los años de todas las generaciones.
Pregunta a tu padre, y él te lo hará saber;
A tus ancianos, y ellos te lo dirán.
8-»Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia,
Cuando separó los hijos del hombre,
Fijó los límites de los pueblos
Según el número de los israelitas.
9-»Pues la porción del Señor es Su pueblo;
Jacob es la parte de Su heredad.
10-»Lo encontró en tierra desierta,
En la horrenda soledad de un desierto;
Lo rodeó, cuidó de él,
Lo guardó como a la niña de Sus ojos.
11-»Como un águila que despierta su nidada,
Que revolotea sobre sus polluelos,
Extendió Sus alas y los tomó,
Los llevó sobre Su plumaje.
12-»El Señor solo lo guió,
Y con él no hubo dios extranjero.
13-»Lo hizo cabalgar sobre las alturas de la tierra,
Y comió el producto del campo;
Le hizo gustar miel de la peña,
Y aceite del pedernal,
14Cuajada de vacas y leche de ovejas,
Con grasa de corderos,
Y carneros de raza de Basán y machos cabríos,
Con lo mejor del trigo;
De la sangre de uvas bebiste vino.
15¶»Pero Jesurún engordó y dio coces
(Has engordado, estás cebado y rollizo);
Entonces abandonó a Dios que lo hizo,
Y despreció a la Roca de su salvación.
16-»Lo provocaron a celos con dioses extraños,
Con abominaciones lo provocaron a ira.
17-»Ofrecieron sacrificios a demonios, no a Dios,
A dioses que no habían conocido,
Dioses nuevos que vinieron recientemente,
A los que los padres de ustedes no temieron.
18-»Despreciaste a la Roca que te engendró,
Y olvidaste al Dios que te dio a luz.
19¶»Y el Señor vio esto, y se llenó de ira
A causa de la provocación de Sus hijos y de Sus hijas.
20-»Entonces Él dijo: “Esconderé de ellos Mi rostro,
Veré cuál será su fin;
Porque son una generación perversa,
Hijos en los cuales no hay fidelidad.
21-”Ellos me han provocado a celo con lo que no es Dios;
Me han irritado con sus ídolos.
Yo, pues, los provocaré a celos con los que no son un pueblo;
Los irritaré con una nación insensata.
22-”Porque fuego se ha encendido en Mi ira,
Que quema hasta las profundidades del Seol,
Consume la tierra con su fruto,
E incendia los fundamentos de los montes.
23¶”Amontonaré calamidades sobre ellos,
Emplearé en ellos Mis flechas.
24-”Serán debilitados por el hambre, y consumidos por la plaga
Y destrucción amarga;
Dientes de fieras enviaré sobre ellos,
Con veneno de serpientes que se arrastran en el polvo.
25-”Afuera traerá duelo la espada,
Y dentro el terror,
Tanto al joven como a la virgen,
Al niño de pecho como al hombre encanecido.
26-”Yo hubiera dicho: ‘Los haré pedazos,
Borraré la memoria de ellos de entre los hombres’,
27Si no hubiera temido la provocación del enemigo,
No sea que entendieran mal sus adversarios,
No sea que dijeran: ‘Nuestra mano ha triunfado,
Y no es el Señor el que ha hecho todo esto’ ”.
28¶»Porque son una nación privada de consejo,
Y no hay en ellos inteligencia.
29-»Ojalá que fueran sabios, que comprendieran esto,
Que comprendieran su futuro.
30-»¿Cómo es que uno puede perseguir a mil,
Y dos hacer huir a diez mil,
Si su Roca no los hubiera vendido,
Y el Señor no los hubiera entregado?
31-»En verdad, su roca no es como nuestra Roca;
Aun nuestros mismos enemigos así lo juzgan.
32-»Porque la vid de ellos es de la vid de Sodoma
Y de los campos de Gomorra;
Sus uvas son uvas venenosas,
Sus racimos, amargos.
33-»Su vino es veneno de serpientes,
Y ponzoña mortal de cobras.
34¶“¿No tengo Yo esto guardado conmigo,
Sellado en Mis tesoros?
35-”Mía es la venganza y la retribución;
A su tiempo el pie de ellos resbalará,
Porque el día de su calamidad está cerca,
Ya se apresura lo que les está preparado”.
36-»Porque el Señor vindicará a Su pueblo
Y tendrá compasión de Sus siervos,
Cuando vea que su fuerza se ha ido,
Y que nadie queda, ni siervo ni libre.
37-»Entonces Él dirá: “¿Dónde están sus dioses,
La roca en que buscaban refugio,
38Que comían la grasa de sus sacrificios,
Y bebían el vino de su libación?
¡Que se levanten y los ayuden!
¡Que sean ellos su refugio!
39-”Vean ahora que Yo, Yo soy el Señor,
Y fuera de Mí no hay dios.
Yo hago morir y hago vivir.
Yo hiero y Yo sano,
Y no hay quien pueda librar de Mi mano.
40-”Ciertamente, alzo a los cielos Mi mano,
Y digo: Como que vivo Yo para siempre,
41Cuando afile Mi espada flameante
Y Mi mano empuñe la justicia,
Me vengaré de Mis adversarios
Y daré el pago a los que me aborrecen.
42-”Embriagaré Mis flechas con sangre,
Y Mi espada se hartará de carne,
De sangre de muertos y cautivos,
De los jefes de larga cabellera del enemigo”.
43-»Regocíjense, naciones, con Su pueblo,
Porque Él vengará la sangre de Sus siervos;
Traerá venganza sobre Sus adversarios,
Y hará expiación por Su tierra y Su pueblo».
44Entonces llegó Moisés y habló todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él, con Josué, hijo de Nun. 45Cuando terminó Moisés de hablar todas estas palabras a todo Israel, 46les dijo: «Fijen en su corazón todas las palabras con que les advierto hoy: ordenarán a sus hijos que obedezcan cuidadosamente todas las palabras de esta ley. 47Porque no es palabra inútil para ustedes; ciertamente es su vida. Por esta palabra prolongarán sus días en la tierra adonde ustedes van, cruzando el Jordán a fin de poseerla».
48En aquel mismo día, el Señor le dijo a Moisés: 49«Sube a estos montes de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab frente a Jericó, y mira hacia la tierra de Canaán, la cual doy en posesión a los israelitas. 50Morirás en el monte al cual subes, y serás reunido a tu pueblo, así como tu hermano Aarón murió sobre el monte Hor, y fue reunido a su pueblo; 51porque ustedes me fueron infieles en medio de los israelitas en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin, porque no me santificaron en medio de los israelitas. 52Por tanto, solo de lejos verás la tierra, pero no entrarás allí, a la tierra que doy a los israelitas».

Deuteronomio 33

1Esta es la bendición con la que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los israelitas antes de morir. 2Dijo:
«El Señor vino del Sinaí
Esclareciéndoles desde Seir;
Resplandeció desde el monte Parán,
Y vino de en medio de diez millares de santos;
A Su diestra había fulgor centelleante para ellos.
3-»En verdad, Él ama al pueblo;
Todos Tus santos están en Tu mano,
Y siguen en Tus pasos;
Todos reciben de Tus palabras.
4-»Una ley nos dio Moisés,
Una herencia para la asamblea de Jacob.
5-»Él era rey en Jesurún,
Cuando se reunieron los jefes del pueblo,
Junto con las tribus de Israel.
6¶»Viva Rubén, y no muera,
Y no sean pocos sus hombres».
7En cuanto a Judá, esto dijo:
«Escucha, oh Señor, la voz de Judá,
Y tráelo a su pueblo.
Con sus manos luchó por ellos;
Sé Tú su ayuda contra sus adversarios».
8De Leví dijo:
«Tu Tumim y Tu Urim sean para Tu hombre santo,
A quien pusiste a prueba en Masah,
Con quien luchaste en las aguas de Meriba;
9El que dijo de su padre y de su madre:
“No los conozco”;
Y no reconoció a sus hermanos,
Ni consideró a sus propios hijos,
Porque obedecieron Tu palabra,
Y guardaron Tu pacto.
10-»Ellos enseñarán Tus ordenanzas a Jacob
Y Tu ley a Israel.
Pondrán incienso delante de Ti,
Y holocaustos perfectos sobre Tu altar.
11-»Bendice, oh Señor, sus esfuerzos,
Y acepta la obra de sus manos;
Quebranta los lomos de los que se levantan contra él
Y de los que lo odian, para que no se levanten más».
12De Benjamín, dijo:
«Habite el amado del Señor en seguridad junto a Aquel
Que le protege todo el día,
Y entre cuyos hombros mora».
13De José, dijo:
«Bendita del Señor sea su tierra,
Con lo mejor de los cielos, con el rocío
Y con las profundidades que están debajo;
14Con lo mejor de los frutos del sol
Y con los mejores productos de los meses;
15Con lo mejor de los montes antiguos
Y con lo escogido de los collados eternos;
16Con lo mejor de la tierra y cuanto contiene
Y el favor del que habitaba en la zarza.
Descienda la bendición sobre la cabeza de José,
Y sobre la coronilla del consagrado entre sus hermanos.
17-»Su majestad es como la del primogénito del toro,
Y sus cuernos son los cuernos del búfalo.
Con ellos empujará a los pueblos,
Todos juntos, hasta los confines de la tierra.
Tales son los diez millares de Efraín,
Y tales los millares de Manasés».
18De Zabulón, dijo:
«Alégrate, Zabulón, en tus salidas
Y tú Isacar, en tus tiendas.
19-»Llamarán a los pueblos al monte;
Allí ofrecerán sacrificios de justicia,
Pues disfrutarán de la abundancia de los mares,
Y de los tesoros escondidos en la arena».
20De Gad, dijo:
«Bendito el que ensancha a Gad;
Se echa como león,
Y desgarra el brazo y también la coronilla.
21-»Entonces reservó para sí la primera parte,
Pues allí la porción de gobernante le estaba reservada.
Y él vino con los jefes del pueblo;
Ejecutó la justicia del Señor,
Y Sus ordenanzas con Israel».
22De Dan, dijo:
«Dan es cachorro de león
Que salta desde Basán».
23De Neftalí, dijo:
«Neftalí, colmado de favores,
Y lleno de la bendición del Señor,
Toma posesión del mar y del sur».
24Y de Aser, dijo:
«Más bendito que hijos es Aser;
Sea favorecido por sus hermanos,
Y moje su pie en aceite.
25-»De hierro y de bronce serán tus cerrojos,
Y tan largo como tus días será tu reposo.
26¶»Nadie hay como el Dios de Jesurún,
Que cabalga los cielos para venir en tu ayuda,
Y las nubes, en Su majestad.
27-»El eterno Dios es tu refugio,
Y debajo están los brazos eternos.
Él echó al enemigo delante de ti,
Y dijo: “¡Destruye!”.
28-»Por eso Israel habita confiado,
La fuente de Jacob habita separada
En una tierra de grano y vino nuevo;
Sus cielos también destilan rocío.
29-»Dichoso tú, Israel.
¿Quién como tú, pueblo salvado por el Señor?
Él es escudo de tu ayuda,
Y espada de tu gloria.
Tus enemigos simularán someterse ante ti,
Y tú pisotearás sus lugares altos».

Hechos 4

1Mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se les echaron encima los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo, y los saduceos, 2indignados porque enseñaban al pueblo, y anunciaban en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3Les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. 4Pero muchos de los que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a 5,000.
5Sucedió que al día siguiente se reunieron en Jerusalén sus gobernantes, ancianos y escribas. 6Estaban allí el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje de los sumos sacerdotes. 7Poniendo a Pedro y a Juan en medio de ellos, les interrogaban: «¿Con qué poder, o en qué nombre, han hecho esto?».
8Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Gobernantes y ancianos del pueblo, 9si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este ha sido sanado, 10sepan todos ustedes, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él, este hombre se halla aquí sano delante de ustedes.
11»Este Jesús es la piedra desechada por ustedes los constructores, pero que ha venido a ser la piedra angular. 12En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos».
13Al ver la confianza de Pedro y de Juan, y dándose cuenta de que eran hombres sin letras y sin preparación, se maravillaban, y reconocían que ellos habían estado con Jesús. 14Y viendo de pie junto a ellos al hombre que había sido sanado, no tenían nada que decir en contra. 15Pero después de ordenarles que salieran fuera del Concilio, deliberaban entre sí: 16«¿Qué haremos con estos hombres?», decían. «Porque el hecho de que un milagro notable ha sido realizado por medio de ellos es evidente a todos los que viven en Jerusalén, y no podemos negarlo. 17Pero a fin de que no se divulgue más entre el pueblo, vamos a amenazarlos para que no hablen más a ningún hombre en este nombre».
18Cuando los llamaron, les ordenaron no hablar ni enseñar en el nombre de Jesús. 19Pero Pedro y Juan, les contestaron: «Ustedes mismos juzguen si es justo delante de Dios obedecer a ustedes en vez de obedecer a Dios. 20Porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído».
21Y después de amenazarlos otra vez, los dejaron ir, no hallando la manera de castigarlos por causa del pueblo, porque todos glorificaban a Dios por lo que había acontecido; 22porque el hombre en quien se había realizado este milagro de sanidad tenía más de cuarenta años.
23Cuando quedaron en libertad, fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. 24Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: «Oh, Señor, Tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, 25el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, Tu siervo, dijiste:
“¿Por qué se enfurecieron los gentiles,
Y los pueblos tramaron cosas vanas?
26-”Se presentaron los reyes de la tierra,
Y los gobernantes se juntaron a una
Contra el Señor y contra Su Cristo”.
27»Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, junto con los gentiles y los pueblos de Israel, contra Tu santo Siervo Jesús, a quien Tú ungiste, 28para hacer cuanto Tu mano y Tu propósito habían predestinado que sucediera. 29Ahora, Señor, considera sus amenazas, y permite que Tus siervos hablen Tu palabra con toda confianza, 30mientras extiendes Tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios mediante el nombre de Tu santo Siervo Jesús».
31Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor.
32La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. 33Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y había abundante gracia sobre todos ellos. 34No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido, 35y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.
36Y José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé, que traducido significa Hijo de Consolación, 37poseía un campo y lo vendió, trajo el dinero y lodepositó a los pies de los apóstoles.

Salmo 93

1El Señor reina, vestido está de majestad;
El Señor se ha vestido y ceñido de poder;
Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible.
2Desde la antigüedad está establecido Tu trono;
Tú eres desde la eternidad.
3¶Los torrentes han alzado, oh Señor,
Los torrentes han alzado su voz;
Los torrentes alzan sus batientes olas.
4Más que el fragor de muchas aguas,
Más que las poderosas olas del mar,
Es poderoso el Señor en las alturas.
5Tus testimonios son muy fidedignos;
La santidad conviene a Tu casa,
Eternamente, oh Señor.

Proverbios 31

1Palabras del rey Lemuel, oráculo que le enseñó su madre.
2¶¿Qué, hijo mío?
¿Y qué, hijo de mis entrañas?
¿Y qué, hijo de mis votos?
3No des tu vigor a las mujeres,
Ni tus caminos a lo que destruye a los reyes.
4No es para los reyes, oh Lemuel,
No es para los reyes beber vino,
Ni para los gobernantes desear bebida fuerte;
5No sea que beban y olviden lo que se ha decretado,
Y perviertan los derechos de todos los afligidos.
6Denle bebida fuerte al que está pereciendo,
Y vino a los amargados de alma.
7Que beba y se olvide de su pobreza,
Y no recuerde más su aflicción.
8Abre tu boca por los mudos,
Por los derechos de todos los desdichados.
9Abre tu boca, juzga con justicia,
Y defiende los derechos del afligido y del necesitado.
10¶Mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Su valor supera en mucho al de las joyas.
11En ella confía el corazón de su marido,
Y no carecerá de ganancias.
12Ella le trae bien y no mal
Todos los días de su vida.
13Busca lana y lino,
Y con agrado trabaja con sus manos.
14Es como las naves de mercader,
Trae su alimento de lejos.
15También se levanta cuando aún es de noche,
Y da alimento a los de su casa
Y tarea a sus doncellas.
16Evalúa un campo y lo compra;
Con sus ganancias planta una viña.
17Ella se ciñe de fuerza
Y fortalece sus brazos.
18Nota que su ganancia es buena,
No se apaga de noche su lámpara.
19Extiende sus manos a la rueca,
Y sus manos toman el huso.
20Extiende su mano al pobre,
Y alarga sus manos al necesitado.
21No tiene temor de la nieve por los de su casa,
Porque todos los de su casa llevan ropa escarlata.
22Se hace mantos para sí;
Su ropa es de lino fino y de púrpura.
23Su marido es conocido en las puertas de la ciudad,
Cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hace telas de lino y las vende,
Y provee cinturones a los mercaderes.
25Fuerza y dignidad son su vestidura,
Y sonríe al futuro.
26Abre su boca con sabiduría,
Y hay enseñanza de bondad en su lengua.
27Ella vigila la marcha de su casa,
Y no come el pan de la ociosidad.
28Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada,
También su marido, y la alaba diciendo:
29«Muchas mujeres han obrado con nobleza,
Pero tú las superas a todas».
30Engañosa es la gracia y vana la belleza,
Pero la mujer que teme al Señor, esa será alabada.
31Denle el fruto de sus manos,
Y que sus obras la alaben en las puertas de la ciudad.

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