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Día 96 de 365 · 6 de abril

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Josué 4

1Cuando todo el pueblo acabó de pasar el Jordán, el Señor le dijo a Josué: 2«Escojan doce hombres del pueblo, uno de cada tribu, 3y ordénenles: “Tomen doce piedras de aquí, de en medio del Jordán, del lugar donde los pies de los sacerdotes están firmes, y llévenlas con ustedes y colóquenlas en el lugar donde han de pasar la noche” ».
4Josué llamó a los doce hombres que había señalado de entre los israelitas, uno de cada tribu; 5y Josué les dijo: «Pasen delante del arca del Señor su Dios al medio del Jordán, y alce cada uno una piedra sobre su hombro, de acuerdo con el número de las tribus de los israelitas. 6Sea esto una señal entre ustedes, y más tarde cuando sus hijos pregunten: “¿Qué significan estas piedras para ustedes?”, 7entonces les responderán: “Es que las aguas del Jordán quedaron cortadas delante del arca del pacto del Señor. Cuando esta pasó el Jordán, las aguas del Jordán quedaron cortadas”. Así que estas piedras servirán como recuerdo a los israelitas para siempre».
8Así lo hicieron los israelitas, tal como Josué ordenó, y alzaron doce piedras de en medio del Jordán, como el Señor dijo a Josué, según el número de las tribus de los israelitas. Las llevaron consigo al lugar donde acamparon y allí las depositaron. 9Entonces Josué colocó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde habían estado los pies de los sacerdotes que llevaban el arca del pacto, y allí permanecen hasta hoy.
10Porque los sacerdotes que llevaban el arca estuvieron parados en medio del Jordán hasta que se cumpliera todo lo que el Señor había mandado a Josué que dijera al pueblo, de acuerdo con todo lo que Moisés había mandado a Josué. Y el pueblo se apresuró y pasó. 11Cuando todo el pueblo había acabado de pasar, el arca del Señor y los sacerdotes pasaron delante del pueblo.
12Los hijos de Rubén, los hijos de Gad y la media tribu de Manasés pasaron en orden de batalla delante de los israelitas, tal como Moisés les había dicho. 13Como 40,000 equipados para la guerra, pasaron delante del Señor hacia los llanos de Jericó, listos para la batalla. 14Aquel día el Señor engrandeció a Josué ante los ojos de todo Israel; y le temieron, tal como habían temido a Moisés todos los días de su vida.
15Entonces el Señor habló a Josué: 16«Ordena a los sacerdotes que llevan el arca del testimonio que suban del Jordán». 17Josué dio órdenes a los sacerdotes y les dijo: «Suban del Jordán». 18Y cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto del Señor subieron de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes salieron a tierra seca, las aguas del Jordán volvieron a su lugar y corrieron sobre todas sus riberas como antes.
19El pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero y acamparon en Gilgal al lado oriental de Jericó. 20Y aquellas doce piedras que habían sacado del Jordán, Josué las erigió en Gilgal.
21Entonces habló a los israelitas: «Cuando sus hijos pregunten a sus padres el día de mañana: “¿Qué significan estas piedras?”, 22ustedes se lo explicarán a sus hijos y les dirán: “Israel cruzó este Jordán en tierra seca”. 23Porque el Señor su Dios secó las aguas del Jordán delante de ustedes hasta que pasaron, tal como el Señor su Dios había hecho al mar Rojo, el cual Él secó delante de nosotros hasta que pasamos, 24para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano del Señor es poderosa, a fin de que ustedes teman al Señor su Dios para siempre».

Josué 5

1Cuando todos los reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán hacia el occidente, y todos los reyes de los cananeos que estaban junto al mar, oyeron cómo el Señor había secado las aguas del Jordán delante de los israelitas hasta que ellos habían pasado, sus corazones se acobardaron, y ya no había ánimo en ellos a causa de los israelitas.
2En aquel tiempo el Señor dijo a Josué: «Hazte cuchillos de pedernal y vuelve a hacer la circuncisión, por segunda vez, a los israelitas». 3Entonces Josué hizo cuchillos de pedernal y circuncidó a los israelitas en la colina de Aralot. 4Esta es la razón por la cual Josué los circuncidó: todos los del pueblo que salieron de Egipto que eran varones, todos los hombres de guerra, murieron en el desierto, por el camino, después que salieron de Egipto. 5Porque todos los del pueblo que salieron fueron circuncidados, pero todos los del pueblo que nacieron en el desierto, por el camino, después de salir de Egipto, no habían sido circuncidados. 6Pues los israelitas anduvieron por el desierto cuarenta años, hasta que pereció toda la nación, es decir, los hombres de guerra que salieron de Egipto, porque no escucharon la voz del Señor. A ellos el Señor les juró que no les permitiría ver la tierra que el Señor había jurado a sus padres que nos daría, una tierra que mana leche y miel.
7Y a los hijos de ellos, que Él levantó en su lugar, Josué los circuncidó; pues eran incircuncisos, porque no los habían circuncidado en el camino. 8Cuando terminaron de circuncidar a toda la nación, permanecieron en sus lugares en el campamento hasta que sanaron.
9Entonces el Señor dijo a Josué: «Hoy he quitado de ustedes el oprobio de Egipto». Por eso aquel lugar se ha llamado Gilgal hasta hoy. 10Estando los israelitas acampados en Gilgal, celebraron la Pascua en la noche del día catorce del mes en los llanos de Jericó.
11El día después de la Pascua, ese mismo día, comieron del producto de la tierra, panes sin levadura y cereal tostado. 12El maná cesó el día después que habían comido del producto de la tierra, y los israelitas no tuvieron más maná, sino que comieron del producto de la tierra de Canaán durante aquel año.
13Cuando Josué estaba ya cerca de Jericó, levantó los ojos y vio que un hombre estaba frente a él con una espada desenvainada en la mano, y Josué fue hacia él y le dijo: «¿Es usted de los nuestros o de nuestros enemigos?». 14«No», respondió; «más bien yo vengo ahora como capitán del ejército del Señor». Y Josué se postró en tierra, le hizo reverencia, y dijo: «¿Qué tiene que decirle mi señor a su siervo?». 15Entonces el capitán del ejército del Señordijo a Josué: «Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás es santo». Y así lo hizo Josué.

Hechos 7

1El sumo sacerdote dijo: «¿Es esto así?».
2Esteban respondió: «Escúchenme, hermanos y padres. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes que habitara en Harán, 3y le dijo: “Sal de tu tierra y de tu familia, y ve a la tierra que Yo te mostraré”.
4»Entonces Abraham salió de la tierra de los caldeos y se estableció en Harán. Y de allí, después de la muerte de su padre, Dios lo trasladó a esta tierra en la cual ahora ustedes habitan. 5No le dio en ella heredad, ni siquiera la medida de la planta del pie, y sin embargo, aunque no tenía hijo, prometió que se la daría en posesión a él y a su descendencia después de él. 6Y Dios dijo así: “Que sus descendientes serían extranjeros en una tierra extraña, y que serían esclavizados y maltratados por 400 años. 7Pero Yo mismo juzgaré a cualquier nación de la cual sean esclavos”, dijo Dios, “y después de eso saldrán y me servirán en este lugar”. 8Dios le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham vino a ser el padre de Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac vino a ser el padre de Jacob, y Jacob de los doce patriarcas.
9»Los patriarcas tuvieron envidia de José y lo vendieron para Egipto. Pero Dios estaba con él, 10y lo rescató de todas sus aflicciones. Le dio gracia y sabiduría delante de Faraón, rey de Egipto, y este lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.
11»Entonces vino hambre sobre todo Egipto y Canaán, y con ella gran aflicción, y nuestros padres no hallaban alimentos. 12Pero cuando Jacob supo que había grano en Egipto, envió a nuestros padres allá la primera vez. 13En la segunda visita, José se dio a conocer a sus hermanos, y conoció Faraón la familia de José. 14José, enviando mensaje, mandó llamar a Jacob su padre y a toda su familia, en total setenta y cinco personas.
15»Y Jacob descendió a Egipto, y allí murió él y también nuestros padres. 16De allí fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que por una suma de dinero había comprado Abraham a los hijos de Hamor en Siquem.
17»Pero a medida que se acercaba el tiempo de la promesa que Dios había confirmado a Abraham, el pueblo crecía y se multiplicaba en Egipto, 18hasta que surgió otro rey en Egipto que no sabía nada de José. 19Este rey, obrando con astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusieran a la muerte a sus niños para que no vivieran.
20»Fue por ese tiempo que Moisés nació. Era hermoso a la vista de Dios, y fue criado por tres meses en la casa de su padre. 21Después de ser abandonado para morir, la hija de Faraón se lo llevó y lo crió como su propio hijo. 22Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos.
23»Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas. 24Al ver que uno de ellos era tratado injustamente, lo defendió y vengó al oprimido, matando al egipcio. 25Pensaba que sus hermanos entendían que Dios les estaba dando libertad por medio de él, pero ellos no entendieron.
26»Al día siguiente se les presentó, cuando dos de ellos reñían, y trató de poner paz entre ellos, diciendo: “Varones, ustedes son hermanos, ¿por qué se hieren el uno al otro?”. 27Pero el que estaba hiriendo a su prójimo lo empujó, diciendo: “¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros? 28¿Acaso quieres matarme como mataste ayer al egipcio?”. 29Al oír estas palabras, Moisés huyó y se convirtió en extranjero en la tierra de Madián, donde fue padre de dos hijos.
30»Pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía. 31Al ver esto, Moisés se maravillaba de la visión, y al acercarse para ver mejor, vino a él la voz del Señor: 32“Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob”. Moisés temblando, no se atrevía a mirar.
33»Pero el Señor le dijo: “Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás es tierra santa. 34Ciertamente he visto la opresión de Mi pueblo en Egipto y he oído sus gemidos, y he descendido para librarlos; ven ahora y te enviaré a Egipto”.
35Este Moisés, a quien ellos rechazaron, diciendo: “¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?” es el mismo que Dios envió para ser gobernante y libertador con la ayuda del ángel que se le apareció en la zarza. 36Este hombre los sacó, haciendo prodigios y señales en la tierra de Egipto, en el mar Rojo y en el desierto por cuarenta años.
37»Este es el mismo Moisés que dijo a los israelitas: “Dios les levantará un profeta como yo de entre sus hermanos”. 38Este es el que estaba en la congregación en el desierto junto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y el que recibió palabras de vida para transmitirlas a ustedes, 39al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que lo repudiaron, y en sus corazones desearon regresar a Egipto, 40diciendo a Aarón: “Haznos dioses que vayan delante de nosotros, porque a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos lo que le haya pasado”.
41»En aquellos días hicieron un becerro y ofrecieron sacrificio al ídolo, y se regocijaban en las obras de sus manos. 42Pero Dios se apartó de ellos y los entregó para que sirvieran al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: “¿Acaso fue a Mí a quien ofrecieron víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43También llevaron el tabernáculo de Moloc, y la estrella del dios Renfan, las imágenes que hicieron para adorarlas. Yo también los deportaré más allá de Babilonia”.
44»Nuestros padres tuvieron el tabernáculo del testimonio en el desierto, tal como le había ordenado que lo hiciera el que habló a Moisés, conforme al modelo que había visto. 45A su vez, habiéndolo recibido, nuestros padres lo introdujeron con Josué al tomar posesión de las naciones que Dios arrojó de delante de nuestros padres, hasta los días de David. 46Y David halló gracia delante de Dios, y pidió el favor de hallar una morada para el Dios de Jacob. 47Pero fue Salomón quien le edificó una casa.
48»Sin embargo, el Altísimo no habita en casas hechas por manos de hombres; como dice el profeta:
49“El cielo es Mi trono,
Y la tierra el estrado de Mis pies;
¿Qué casa me edificarán?”, dice el Señor,
“¿O cuál es el lugar de Mi reposo?
50-”¿No fue Mi mano la que hizo todas estas cosas?”.
51»Ustedes, que son tercos e incircuncisos de corazón y de oídos, resisten siempre al Espíritu Santo; como hicieron sus padres, así hacen también ustedes. 52¿A cuál de los profetas no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que antes habían anunciado la venida del Justo, del cual ahora ustedes se hicieron traidores y asesinos; 53ustedes que recibieron la ley por disposición de ángeles y sin embargo no la guardaron».
54Al oír esto, se sintieron profundamente ofendidos, y crujían los dientes contra él. 55Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios; 56y dijo: «Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios».
57Entonces ellos gritaron a gran voz, y tapándose los oídos se lanzaron a una contra él. 58Echándolo fuera de la ciudad, comenzaron a apedrearlo; y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. 59Y mientras lo apedreaban, Esteban invocaba al Señor y decía: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
60Cayendo de rodillas, clamó en alta voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». Habiendo dicho esto, durmió.

Salmo 96

1Canten al Señor un cántico nuevo;
Canten al Señor, toda la tierra.
2Canten al Señor, bendigan Su nombre;
Proclamen de día en día las buenas nuevas de Su salvación.
3Cuenten Su gloria entre las naciones,
Sus maravillas entre todos los pueblos.
4Porque grande es el Señor, y muy digno de ser alabado;
Temible es Él sobre todos los dioses.
5Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos,
Pero el Señor hizo los cielos.
6Gloria y majestad están delante de Él;
Poder y hermosura en Su santuario.
7¶Den al Señor, oh familias de los pueblos,
Den al Señor gloria y poder.
8Den al Señor la gloria debida a Su nombre;
Traigan ofrenda y entren en Sus atrios.
9Adoren al Señor en vestiduras santas;
Tiemblen ante Su presencia, toda la tierra.
10Digan entre las naciones: «El Señor reina;
Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible;
Él juzgará a los pueblos con equidad».
11¶Alégrense los cielos y regocíjese la tierra;
Ruja el mar y cuanto contiene;
12Gócese el campo y todo lo que en él hay.
Entonces todos los árboles del bosque cantarán con gozo
13Delante del Señor, porque Él viene;
Porque Él viene a juzgar la tierra:
Juzgará al mundo con justicia
Y a los pueblos con Su fidelidad.

Proverbios 3

1Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza,
Y tu corazón guarde mis mandamientos,
2Porque largura de días y años de vida
Y paz te añadirán.
3La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti;
Átalas a tu cuello,
Escríbelas en la tabla de tu corazón.
4Así hallarás favor y buena estimación
Ante los ojos de Dios y de los hombres.
5Confía en el Señor con todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propio entendimiento.
6Reconócelo en todos tus caminos,
Y Él enderezará tus sendas.
7No seas sabio a tus propios ojos;
Teme al Señor y apártate del mal.
8Será medicina para tu cuerpo
Y alivio para tus huesos.
9Honra al Señor con tus bienes
Y con las primicias de todos tus frutos;
10Entonces tus graneros se llenarán con abundancia
Y tus lagares rebosarán de vino nuevo.
11Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
Ni aborrezcas Su reprensión,
12Porque el Señor ama a quien reprende,
Como un padre al hijo en quien se deleita.
13¶Bienaventurado el hombre que halla sabiduría
Y el hombre que adquiere entendimiento.
14Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,
Y sus utilidades mejor que el oro fino.
15Es más preciosa que las joyas,
Y nada de lo que deseas se compara con ella.
16Larga vida hay en su mano derecha,
En su mano izquierda, riquezas y honra.
17Sus caminos son caminos agradables
Y todas sus sendas, paz.
18Es árbol de vida para los que echan mano de ella,
Y felices son los que la abrazan.
19Con sabiduría fundó el Señor la tierra,
Con inteligencia estableció los cielos.
20Con su conocimiento los abismos fueron divididos
Y los cielos destilan rocío.
21Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos;
Guarda la prudencia y la discreción,
22Y serán vida para tu alma
Y adorno para tu cuello.
23Entonces andarás con seguridad por tu camino,
Y tu pie no tropezará.
24Cuando te acuestes no tendrás temor,
Sí, te acostarás y será dulce tu sueño.
25No temerás el pavor repentino,
Ni el ataque de los impíos cuando venga,
26Porque el Señor será tu confianza,
Y guardará tu pie de ser apresado.
27¶No niegues el bien a quien se le debe,
Cuando esté en tu mano el hacerlo.
28No digas a tu prójimo: «Ve y vuelve,
Y mañana te lo daré»,
Cuando lo tienes contigo.
29No trames el mal contra tu prójimo,
Mientras habite seguro a tu lado.
30No pelees con nadie sin motivo,
Si no te ha hecho daño.
31No envidies al hombre violento,
Y no escojas ninguno de sus caminos.
32Porque el hombre perverso es abominación para el Señor;
Pero Él es amigo íntimo de los rectos.
33La maldición del Señor está sobre la casa del impío,
Pero Él bendice la morada del justo.
34Ciertamente Él se burla de los burladores,
Pero da gracia a los afligidos.
35El sabio heredará honra,
Pero los necios hacen resaltar sudeshonra.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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