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Día 97 de 365 · 7 de abril

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Josué 6

1Jericó estaba muy bien cerrada por miedo a los israelitas. Nadie salía ni entraba. 2Pero el Señor dijo a Josué: «Mira, he entregado en tu mano a Jericó, y a su rey con sus valientes guerreros. 3Ustedes marcharán alrededor de la ciudad, todos los hombres de guerra rodeando la ciudad una vez. Así lo harás por seis días.
4»Siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca. Al séptimo día ustedes marcharán alrededor de la ciudad siete veces, y los sacerdotes tocarán las trompetas. 5Y sucederá que cuando toquen un sonido prolongado con el cuerno de carnero, y ustedes oigan el sonido de la trompeta, todo el pueblo gritará a gran voz, y la muralla de la ciudad se vendrá abajo. Entonces el pueblo subirá, cada hombre derecho hacia adelante».
6Josué, hijo de Nun, llamó a los sacerdotes, y les dijo: «Tomen el arca del pacto, y que siete sacerdotes lleven siete trompetas de cuerno de carnero delante del arca del Señor». 7Entonces dijo al pueblo: «Pasen, y marchen alrededor de la ciudad, y que los hombres armados vayan delante del arca del Señor».
8Después que Josué había hablado al pueblo, los siete sacerdotes que llevaban las siete trompetas de cuerno de carnero delante del Señor, se adelantaron y tocaron las trompetas. Y el arca del pacto del Señor los seguía. 9Los hombres armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las trompetas, y la retaguardia iba detrás del arca, mientras ellos continuaban tocando las trompetas.
10Pero Josué dio órdenes al pueblo: «No gritarán ni dejarán oír su voz, ni saldrá palabra de su boca, hasta el día que yo les diga: “¡Griten!”. Entonces gritarán». 11Así hizo que el arca del Señor fuera alrededor de la ciudad, rodeándola una vez. Entonces volvieron al campamento, y pasaron la noche en el campamento.
12Josué se levantó muy de mañana, y los sacerdotes tomaron el arca del Señor. 13Los siete sacerdotes llevando las siete trompetas de cuerno de carnero iban delante del arca del Señor, andando continuamente y tocando las trompetas. Los hombres armados iban delante de ellos y la retaguardia iba detrás del arca del Señor mientras ellos seguían tocando las trompetas. 14Así que el segundo día marcharon una vez alrededor de la ciudad y volvieron al campamento. Así lo hicieron por seis días.
15Entonces en el séptimo día se levantaron temprano, al despuntar el día, y marcharon alrededor de la ciudad de la misma manera, pero siete veces. Solo aquel día marcharon siete veces alrededor de la ciudad. 16A la séptima vez, cuando los sacerdotes tocaron las trompetas, Josué dijo al pueblo: «¡Griten! Pues el Señor les ha entregado la ciudad. 17La ciudad será dedicada al anatema, ella y todo lo que hay en ella pertenece al Señor. Solo Rahab la ramera y todos los que están en su casa vivirán, porque ella escondió a los mensajeros que enviamos. 18Pero ustedes, tengan mucho cuidado en cuanto a las cosas dedicadas al anatema, no sea que las codicien y tomando de las cosas del anatema, hagan maldito el campamento de Israel y traigan desgracia sobre él. 19Toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, están consagrados al Señor. Entrarán en el tesoro del Señor».
20Entonces el pueblo gritó y los sacerdotes tocaron las trompetas; y sucedió que cuando el pueblo oyó el sonido de la trompeta, el pueblo gritó a gran voz y la muralla se vino abajo. El pueblo subió a la ciudad, cada hombre derecho hacia adelante, y tomaron la ciudad. 21Destruyeron por completo, a filo de espada, todo lo que había en la ciudad: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, bueyes, ovejas y asnos.
22Pero Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: «Entren en la casa de la ramera y saquen de allí a la mujer y todo lo que posea, tal como se lo juraron». 23Entraron, pues, los jóvenes espías y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos, y todo lo que poseía. También sacaron a todos sus parientes y los colocaron fuera del campamento de Israel. 24Entonces prendieron fuego a la ciudad y a todo lo que en ella había. Solo pusieron en el tesoro de la casa del Señor, la plata, el oro y los utensilios de bronce y de hierro.
25Pero Josué dejó vivir a Rahab la ramera, a la casa de su padre y todo lo que ella tenía. Ella ha habitado en medio de Israel hasta hoy, porque escondió a los mensajeros a quienes Josué había enviado a reconocer a Jericó.
26Entonces Josué les hizo un juramento en aquel tiempo y dijo: «Maldito sea delante del Señor el hombre que se levante y reedifique esta ciudad de Jericó. Con la pérdida de su primogénito echará su cimiento, y con la pérdida de su hijo menor colocará sus puertas». 27El Señor estaba con Josué, y su fama se extendiópor toda la tierra.

Josué 7

1Pero los israelitas fueron infieles en cuanto a las cosas dedicadas al anatema, porque Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó de las cosas dedicadas al anatema. Entonces la ira del Señor se encendió contra los israelitas.
2Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que está cerca de Bet Avén al este de Betel, y les dijo: «Suban y reconozcan la tierra». Y los hombres subieron y reconocieron a Hai. 3Cuando volvieron a Josué, le dijeron: «Que no suba todo el pueblo. Solo dos o tres mil hombres subirán a Hai. No hagas cansar a todo el pueblo subiendo allá, porque ellos son pocos».
4Así que subieron allá unos tres mil hombres del pueblo, pero huyeron ante los hombres de Hai. 5Los hombres de Hai hirieron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los persiguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada. El corazón del pueblo desfalleció y se hizo como agua.
6Entonces Josué rasgó sus vestidos y postró su rostro en tierra delante del arca del Señor hasta el anochecer, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. 7Y Josué dijo: «¡Ah, Señor Dios! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán! 8¡Ah, Señor! ¿Qué puedo decir, ya que Israel ha vuelto la espalda ante sus enemigos? 9Porque los cananeos y todos los habitantes de la tierra se enterarán de ello, y nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Y qué harás Tú por Tu gran nombre?».
10Y el Señor dijo a Josué: «¡Levántate! ¿Por qué te has postrado rostro en tierra? 11Israel ha pecado y también ha transgredido Mi pacto que les ordené. Y hasta han tomado de las cosas dedicadas al anatema, y también han robado y mentido, y además las han puesto entre sus propias cosas. 12No pueden, pues, los israelitas hacer frente a sus enemigos. Vuelven la espalda delante de sus enemigos porque se han convertido en anatema. No estaré más con ustedes a menos que destruyan las cosas dedicadas al anatema de en medio de ustedes.
13»Levántate, consagra al pueblo y di: “Conságrense para mañana, porque así ha dicho el Señor, Dios de Israel: ‘Hay anatema en medio de ti, oh Israel. No podrás hacer frente a tus enemigos hasta que quiten el anatema de en medio de ustedes’. 14Por la mañana se acercarán, pues, por tribus. Y será que la tribu que el Señor señale se acercará por familias, y la familia que el Señor señale se acercará por casas, y la casa que el Señor señale se acercará hombre por hombre. 15Y será que el hombre que sea sorprendido con las cosas dedicadas al anatema será quemado, él y todo lo que le pertenece, porque ha quebrantado el pacto del Señor, y ha cometido una terrible ofensa en Israel” ».
16Josué se levantó muy de mañana, e hizo acercar a Israel por tribus, y fue designada la tribu de Judá. 17Mandó acercar a las familias de Judá, y fue designada la familia de los de Zera. Hizo acercar a la familia de Zera, hombre por hombre, y Zabdi fue designado. 18Mandó acercar su casa hombre por hombre. Fue designado Acán, hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá. 19Entonces Josué dijo a Acán: «Hijo mío, te ruego, da gloria al Señor, Dios de Israel, y dale alabanza. Declárame ahora lo que has hecho. No me lo ocultes». 20Y Acán respondió a Josué: «En verdad he pecado contra el Señor, Dios de Israel, y esto es lo que he hecho. 21Cuando vi entre el botín un hermoso manto de Sinar y 200 siclos (2.28 kilos) de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso, los codicié y los tomé; todo eso está escondido en la tierra dentro de mi tienda con la plata debajo».
22Josué envió emisarios, que fueron corriendo a la tienda y hallaron el manto escondido en su tienda con la plata debajo. 23Los sacaron de la tienda y los llevaron a Josué y a todos los israelitas, y los pusieron delante del Señor. 24Entonces Josué, y todo Israel con él, tomaron a Acán, hijo de Zera, y la plata, el manto, la barra de oro, sus hijos, sus hijas, sus bueyes, sus asnos, sus ovejas, su tienda y todo lo que le pertenecía, y los llevaron al valle de Acor.
25Y Josué dijo: «¿Por qué nos has turbado? El Señor te turbará hoy». Todo Israel los apedreó y los quemaron después de haberlos apedreado. 26Levantaron sobre él un gran montón de piedras que permanece hasta hoy. El Señor se volvió del furor de Su ira. Por eso se ha llamado aquel lugar el valle de Acorhasta el día de hoy.

Hechos 8

1Y Saulo estaba de completo acuerdo con ellos en su muerte.
En aquel día se desató una gran persecución en contra de la iglesia en Jerusalén, y todos fueron esparcidos por las regiones de Judea y Samaria, excepto los apóstoles. 2Algunos hombres piadosos sepultaron a Esteban y lloraron a gran voz por él. 3Pero Saulo hacía estragos en la iglesia entrando de casa en casa, y arrastrando a hombres y mujeres, los echaba en la cárcel.
4Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la palabra. 5Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. 6Y las multitudes unánimes prestaban atención a lo que Felipe decía, al oír y ver las señales que hacía. 7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, estos salían de ellos gritando a gran voz; y muchos que habían sido paralíticos y cojos eran sanados. 8Y había gran regocijo en aquella ciudad.
9Hacía tiempo que cierto hombre llamado Simón, estaba ejerciendo la magia en la ciudad y asombrando a la gente de Samaria, pretendiendo ser un gran personaje; 10y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención, y decían: «Este es el que se llama el Gran Poder de Dios».
11Le prestaban atención porque por mucho tiempo los había asombrado con sus artes mágicas. 12Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba las buenas nuevas del reino de Dios y el nombre de Cristo Jesús, se bautizaban, tanto hombres como mujeres. 13Y aun Simón mismo creyó; y después de bautizarse, continuó con Felipe, y estaba atónito al ver las señales y los grandes milagros que se hacían.
14Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, 15quienes descendieron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. 16Porque todavía no había descendido el Espíritu Santo sobre ninguno de ellos; solo habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. 17Entonces Pedro y Juan les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
18Cuando Simón vio que el Espíritu se daba por la imposición de las manos de los apóstoles, les ofreció dinero, 19y les dijo: «Denme también a mí esta autoridad, de manera que todo aquel sobre quien ponga mis manos reciba el Espíritu Santo».
20Entonces Pedro le contestó: «Que tu plata perezca contigo, porque pensaste que podías obtener el don de Dios con dinero. 21No tienes parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. 22Por tanto, arrepiéntete de esta tu maldad, y ruega al Señor que si es posible se te perdone el intento de tu corazón. 23Porque veo que estás en hiel de amargura y en cadena de iniquidad».
24Pero Simón respondió: «Rueguen ustedes al Señor por mí, para que no me sobrevenga nada de lo que han dicho».
25Y ellos, después de haber testificado solemnemente y hablado la palabra del Señor, iniciaron el regreso a Jerusalén anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos.
26Un ángel del Señor le dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza». Este es un camino desierto. 27Él se levantó y fue. Y había un eunuco etíope, alto oficial de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba encargado de todos sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar. 28Regresaba a su país sentado en su carruaje, y leía al profeta Isaías. 29Y el Espíritu dijo a Felipe: «Ve y júntate a ese carruaje».
30Cuando Felipe se acercó corriendo, le oyó leer al profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiende usted lo que lee?». 31El eunuco le respondió: «¿Cómo podré, a menos que alguien me guíe?». E invitó a Felipe a que subiera y se sentara con él. 32El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era este:
«Como oveja fue llevado al matadero;
Y como cordero, mudo delante del que lo trasquila,
No abre Él Su boca.
33-»En Su humillación no se le hizo justicia;
¿Quién contará Su generación?
Porque Su vida es quitada de la tierra».
34El eunuco le dijo a Felipe: «Le ruego que me diga, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De sí mismo, o de algún otro?». 35Entonces Felipe, comenzando con este pasaje de la Escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36Yendo por el camino, llegaron a un lugar donde había agua; y el eunuco dijo*: «Ahí hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?». 37Y Felipe le dijo: «Si usted cree con todo su corazón, puede». «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios», respondió el eunuco.
38Y mandó parar el carruaje; ambos descendieron al agua, y Felipe lo bautizó. 39Al salir ellos del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no lo vio más el eunuco, que continuó su camino gozoso. 40Pero Felipe se encontró en Azoto, y por donde pasaba, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

Salmo 97

1El Señor reina; regocíjese la tierra;
Alégrense las muchas islas.
2Nubes y densas tinieblas lo rodean,
Justicia y derecho son el fundamento de Su trono.
3Fuego va delante de Él,
Y quema a Sus adversarios en derredor.
4Sus relámpagos iluminaron el mundo;
La tierra vio y se estremeció.
5Como cera se derritieron los montes ante la presencia del Señor,
Ante la presencia del Señor de toda la tierra.
6Los cielos proclaman Su justicia,
Y todos los pueblos han visto Su gloria.
7¶Sean avergonzados todos los que sirven a imágenes talladas,
Los que se glorían en los ídolos.
Póstrense ante Él todos los dioses.
8Oyó Sión esto y se alegró,
Y las hijas de Judá se han regocijado
A causa de Tus juicios, oh Señor.
9Porque Tú eres el Señor, el Altísimo sobre toda la tierra,
Muy excelso sobre todos los dioses.
10¶Los que aman al Señor, aborrezcan el mal;
Él guarda las almas de Sus santos;
Los libra de la mano de los impíos.
11Luz se ha sembrado para el justo,
Y alegría para los rectos de corazón.
12Justos, alégrense en el Señor,
Y alaben Su santo nombre.

Proverbios 4

1OID, hijos, la doctrina de un padre, y estad atentos para que conozcáis cordura.

2Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley.

3Porque yo fuí hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.

4Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás:

5Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;

6No la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará.

7Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.

8Engrandécela, y ella te engrandecerá: ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.

9Adorno de gracia dará á tu cabeza: corona de hermosura te entregará.

10Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.

11Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar.

12Cuando anduvieres no se estrecharán tus pasos; y si corrieres, no tropezarás.

13Ten el consejo, no lo dejes; guárdalo, porque eso es tu vida.

14No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos.

15Desampárala, no pases por ella; apártate de ella, pasa.

16Porque no duermen ellos, si no hicieren mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer.

17Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos.

18Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.

19El camino de los impíos es como la oscuridad: no saben en qué tropiezan.

20Hijo mío, está atento á mis palabras; inclina tu oído á mis razones.

21No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón.

22Porque son vida á los que las hallan, y medicina á toda su carne.

23Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón; porque de él mana la vida.

24Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios.

25Tus ojos miren lo recto, y tus párpados en derechura delante de ti.

26Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean ordenados.

27No te apartes á diestra, ni á siniestra: aparta tu pie del mal.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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