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Día 99 de 365 · 9 de abril

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Josué 10

1Cuando Adonisedec, rey de Jerusalén, se enteró de que Josué había capturado a Hai y que la había destruido por completo (como había hecho con Jericó y con su rey así había hecho con Hai y con su rey), y que los habitantes de Gabaón habían concertado la paz con Israel y estaban dentro de su tierra, 2tuvo gran temor, porque Gabaón era una gran ciudad, como una de las ciudades reales, y porque era más grande que Hai, y todos sus hombres eran valientes.
3Por tanto, Adonisedec, rey de Jerusalén, envió mensaje a Hoham, rey de Hebrón, a Piream, rey de Jarmut, a Jafía, rey de Laquis y a Debir, rey de Eglón, diciéndoles: 4«Suban a mí y ayúdenme, y ataquemos a Gabaón, porque ha hecho paz con Josué y con los israelitas».
5Se reunieron, pues, los cinco reyes de los amorreos: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, y subieron ellos con todos sus ejércitos, y acamparon junto a Gabaón y lucharon contra ella.
6Entonces los hombres de Gabaón enviaron mensaje a Josué al campamento de Gilgal y le dijeron: «No abandone a sus siervos; suba rápidamente a nosotros, sálvenos y ayúdenos, porque todos los reyes de los amorreos que habitan en los montes se han reunido contra nosotros». 7Josué subió de Gilgal, él y toda la gente de guerra con él, y todos los valientes guerreros.
8Y el Señor dijo a Josué: «No les tengas miedo, porque los he entregado en tus manos. Ninguno de ellos te podrá resistir». 9Vino, pues, Josué sobre ellos de repente, habiendo marchado toda la noche desde Gilgal. 10Y el Señor los desconcertó delante de Israel, y los hirió con gran matanza en Gabaón. Luego los persiguió por el camino de la subida de Bet Horón y los hirió hasta Azeca y Maceda.
11Mientras huían delante de Israel, cuando estaban en la bajada de Bet Horón, el Señor arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca y murieron. Y fueron más los que murieron por las piedras del granizo que los que mataron a espada los israelitas.
12Entonces Josué habló al Señor el día en que el Señor entregó a los amorreos delante de los israelitas, y dijo en presencia de Israel:
«Sol, detente en Gabaón,
Y luna, en el valle de Ajalón».
13Y el sol se detuvo, y la luna se paró,
Hasta que la nación se vengó de sus enemigos.
¿No está esto escrito en el libro de Jaser? Y el sol se detuvo en medio del cielo y no se apresuró a ponerse como por un día entero.
14Ni antes ni después hubo día como aquel, cuando el Señor prestó atención a la voz de un hombre, porque el Señor peleó por Israel. 15Entonces Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal.
16Aquellos cinco reyes habían huido y se habían escondido en la cueva de Maceda. 17Y fue dado aviso a Josué: «Los cinco reyes han sido hallados escondidos en la cueva de Maceda». 18Y Josué dijo: «Rueden piedras grandes hacia la entrada de la cueva, y pongan junto a ella hombres que los vigilen, 19pero ustedes no se queden ahí. Persigan a sus enemigos y atáquenlos por la retaguardia. No les permitan entrar en sus ciudades, porque el Señor, Dios de ustedes, los ha entregado en sus manos».
20Cuando Josué y los israelitas terminaron de herirlos con gran matanza, hasta que fueron destruidos, y los sobrevivientes que de ellos quedaron habían entrado en las ciudades fortificadas, 21todo el pueblo volvió en paz al campamento y a Josué en Maceda. Nadie profirió palabra alguna contra ninguno de los israelitas.
22Entonces Josué dijo: «Abran la entrada de la cueva y sáquenme de ella a esos cinco reyes». 23Así lo hicieron, y le trajeron de la cueva a estos cinco reyes: el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón.
24Cuando llevaron estos reyes a Josué, Josué llamó a todos los hombres de Israel, y dijo a los jefes de los hombres de guerra que habían ido con él: «Acérquense, pongan su pie sobre el cuello de estos reyes». Ellos se acercaron y pusieron los pies sobre sus cuellos. 25Entonces Josué les dijo: «No teman ni se acobarden. Sean fuertes y valientes, porque así hará el Señor a todos los enemigos con los que ustedes luchen».
26Después Josué les dio muerte y los colgó de cinco árboles, y quedaron colgados de los árboles hasta la tarde. 27A la hora de la puesta del sol, Josué dio órdenes y los bajaron de los árboles, y los echaron en la cueva donde se habían escondido, y sobre la boca de la cueva pusieron grandes piedras que permanecen hasta el día de hoy.
28Aquel día Josué conquistó a Maceda. La hirió a filo de espada junto con su rey y la destruyó por completo con todas las personas que había en ella. No dejó ningún sobreviviente, e hizo con el rey de Maceda como había hecho con el rey de Jericó.
29Josué, y todo Israel con él, pasó de Maceda a Libna, y peleó contra Libna. 30El Señor la entregó también, junto con su rey, en manos de Israel, que la hirió a filo de espada con todas las personas que había en ella. No dejó ningún sobreviviente en ella, e hizo con su rey como había hecho con el rey de Jericó.
31Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, acampó cerca de ella y la atacó. 32El Señor entregó a Laquis en manos de Israel, la cual conquistaron al segundo día, y la hirieron a filo de espada con todas las personas que había en ella, conforme a todo lo que había hecho a Libna.
33Entonces Horam, rey de Gezer, subió en ayuda de Laquis, pero Josué lo derrotó a él y a su pueblo, hasta no dejar sobreviviente alguno.
34Josué, y todo Israel con él, pasaron de Laquis a Eglón, y acamparon cerca de ella y la atacaron. 35La conquistaron aquel mismo día y la hirieron a filo de espada. Destruyeron por completo aquel día a todas las personas que había en ella, conforme a todo lo que habían hecho a Laquis.
36Entonces subió Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y pelearon contra ella. 37La conquistaron y la hirieron a filo de espada, con su rey, todas sus ciudades y todas las personas que había en ella. No dejaron ningún sobreviviente, conforme a todo lo que había hecho a Eglón. La destruyeron por completo con todas las personas que había en ella.
38Después Josué, y todo Israel con él, se volvieron contra Debir y peleó contra ella. 39La conquistaron, con su rey y todas sus ciudades, hiriéndolas a filo de espada. Destruyeron por completo a todas las personas que había en ella. Josué no dejó sobreviviente alguno. Como había hecho con Hebrón, y como había hecho también con Libna y su rey, así hizo con Debir y su rey.
40Hirió, pues, Josué toda la tierra: la región montañosa, el Neguev, las tierras bajas y las laderas, y a todos sus reyes. No dejó ningún sobreviviente, sino que destruyó por completo a todo el que tenía vida, tal como el Señor, Dios de Israel, había mandado. 41Josué los hirió desde Cades Barnea hasta Gaza, y todo el territorio de Gosén hasta Gabaón. 42A todos estos reyes y sus territorios los capturó Josué de una vez, porque el Señor, Dios de Israel, combatía por Israel. 43Entonces Josué, y todo Israel con él, volvieron al campamento en Gilgal.

Josué 11

1Cuando Jabín, rey de Hazor, se enteró de todo esto envió mensajeros a Jobab, rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf. 2También avisó a los reyes que estaban al norte en la región montañosa, en el Arabá, al sur del mar de Cineret, y en las tierras bajas y en las alturas de Dor al occidente, 3a los cananeos que estaban al oriente y al occidente, a los amorreos, a los hititas, a los ferezeos y a los jebuseos en la región montañosa, y a los heveos al pie del Hermón en la tierra de Mizpa.
4Salieron ellos, y todos sus ejércitos con ellos, tanta gente como la arena que está a la orilla del mar, con muchísimos caballos y carros. 5Así que todos estos reyes, habiendo acordado unirse, vinieron y acamparon juntos cerca de las aguas de Merom para pelear contra Israel.
6Entonces el Señor dijo a Josué: «No temas a causa de ellos, porque mañana a esta hora Yo los entregaré a todos ellos muertos delante de Israel. Desjarretarás sus caballos y les quemarás sus carros». 7Josué, y toda la gente de guerra con él, vinieron de repente sobre ellos junto a las aguas de Merom, y los atacaron.
8Y el Señor los entregó en manos de Israel, los derrotaron y los persiguieron hasta Sidón la grande, hasta Misrefot Maim y hasta el valle de Mizpa al oriente. Los hirieron hasta que no les quedó sobreviviente alguno. 9Josué hizo con ellos como el Señor le había mandado: desjarretó sus caballos y les quemó sus carros.
10Por ese mismo tiempo Josué volvió y se apoderó de Hazor e hirió a espada a su rey, porque Hazor antes había sido cabeza de todos estos reinos. 11Mataron a filo de espada a todas las personas que había en ella, destruyéndolas por completo. No quedó nadie con vida. A Hazor le prendió fuego. 12Josué capturó todas las ciudades de estos reyes, y a todos sus reyes. Los hirió a filo de espada y los destruyó por completo, tal como Moisés, siervo del Señor, había ordenado.
13Sin embargo, Israel no quemó ninguna de las ciudades que estaban sobre sus colinas, con la única excepción de Hazor, la cual Josué incendió. 14Los israelitas tomaron como botín todos los despojos de estas ciudades y el ganado; pero a los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos. No dejaron a ninguno con vida. 15Tal como el Señor había ordenado a Moisés Su siervo, así Moisés lo ordenó a Josué, y así Josué lo hizo. No dejó de hacer nada de todo lo que el Señor había ordenado a Moisés.
16Tomó, pues, Josué toda aquella tierra: la región montañosa, todo el Neguev, toda la tierra de Gosén, las tierras bajas, el Arabá, la región montañosa de Israel y sus llanuras, 17desde el monte Halac, que se levanta hacia Seir, hasta Baal Gad en el valle del Líbano, al pie del monte Hermón. Capturó a todos sus reyes, los hirió y los mató. 18Por mucho tiempo Josué estuvo en guerra con todos estos reyes.
19No hubo ciudad que hiciera paz con los israelitas, excepto los heveos que vivían en Gabaón. De todas se apoderaron por la fuerza. 20Porque fue la intención del Señor endurecer el corazón de ellos, para que se enfrentaran en batalla con Israel, a fin de que fueran destruidos por completo, sin que tuviera piedad de ellos y los exterminara, tal como el Señor había ordenado a Moisés.
21Por aquel tiempo Josué fue y destruyó a los anaceos de la región montañosa, de Hebrón, de Debir, de Anab, de toda la región montañosa de Judá y de toda la región montañosa de Israel. Josué los destruyó por completo con sus ciudades. 22No quedaron anaceos en la tierra de los israelitas. Solo quedaron algunos en Gaza, en Gat y en Asdod. 23Tomó, pues, Josué toda la tierra de acuerdo con todo lo que el Señorhabía dicho a Moisés. Y Josué la dio por heredad a Israel conforme a sus divisiones por sus tribus. Entonces la tierra descansó de la guerra.

Hechos 10

1 Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte llamada la Italiana, 2piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, que daba muchas limosnas al pueblo judío y oraba a Dios continuamente. 3Como a la hora novena, vio claramente en una visión a un ángel de Dios que entraba a donde él estaba y le decía: «Cornelio». 4Mirándolo fijamente y atemorizado, Cornelio dijo: «¿Qué quieres, Señor?». Y el ángel le dijo: «Tus oraciones y limosnas han ascendido como memorial delante de Dios. 5Envía ahora algunos hombres a Jope, y manda traer a un hombre llamado Simón, que también se llama Pedro. 6Este se hospeda con un curtidor llamado Simón, cuya casa está junto al mar». 7Después que se había ido el ángel que le hablaba, Cornelio llamó a dos de los criados y a un soldado piadoso de los que constantemente le servían. 8Después de explicarles todo, los envió a Jope.
9Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar como al mediodía. 10Tuvo hambre y deseaba comer; pero mientras le preparaban algo de comer, le sobrevino un éxtasis. 11Vio* el cielo abierto y un objeto semejante a un gran lienzo que descendía, bajado a la tierra por las cuatro puntas. 12Había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo.
13Y oyó una voz: «Levántate, Pedro, mata y come». 14Pero Pedro dijo: «De ninguna manera, Señor, porque yo jamás he comido nada impuro o inmundo». 15De nuevo, por segunda vez, llegó a él una voz: «Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú impuro». 16Esto sucedió tres veces, e inmediatamente el lienzo fue recogido al cielo.
17Mientras Pedro estaba perplejo pensando en lo que significaría la visión que había visto, en ese momento los hombres que habían sido enviados por Cornelio, después de haber preguntado por la casa de Simón, se aparecieron a la puerta. 18Y llamando, preguntaron si allí se hospedaba Simón, el que también se llamaba Pedro.
19Mientras Pedro meditaba sobre la visión, el Espíritu le dijo: «Mira, tres hombres te buscan. 20Levántate, pues, desciende y no dudes en acompañarlos, porque Yo los he enviado».
21Pedro descendió a donde estaban los hombres, y les dijo: «Yo soy el que buscan; ¿cuál es la causa por la que han venido?». 22Y ellos dijeron: «A Cornelio el centurión, un hombre justo y temeroso de Dios, y que es muy estimado por toda la nación de los judíos, le fue ordenado por un santo ángel que hiciera venir a usted a su casa para oír sus palabras». 23Entonces Pedro los invitó a entrar y los hospedó.
Al día siguiente se levantó y fue con ellos, y algunos de los hermanos de Jope lo acompañaron.
24Al otro día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando y había reunido a sus parientes y amigos íntimos. 25Cuando Pedro iba a entrar, Cornelio salió a recibirlo, y postrándose a sus pies, lo adoró. 26Pero Pedro lo levantó, diciendo: «Ponte de pie; yo también soy hombre».
27Conversando con él, entró y halló* mucha gente reunida. 28Entonces Pedro les dijo: «Ustedes saben que no es lícito para un judío asociarse con un extranjero o visitarlo, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre debo llamar impuro o inmundo. 29Por eso, cuando mandaron a buscarme, vine sin poner ninguna objeción. Pregunto, pues, ¿por qué causa me han llamado?».
30Y Cornelio respondió: «Hace cuatro días, a esta misma hora, estaba yo orando en mi casa a la hora novena; y un hombre con vestiduras resplandecientes, se puso delante de mí, 31y dijo*: “Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus obras de caridad han sido recordadas delante de Dios. 32Envía unos hombres a Jope, y haz llamar a Simón, que también se llama Pedro; él está hospedado en casa de Simón el curtidor, junto al mar”. 33Por tanto, al instante envié a buscarte, y has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí presentes delante de Dios, para oír todo lo que el Señor te ha mandado».
34Entonces Pedro tomó la palabra, y dijo:
«Ciertamente ahora entiendo que Dios no hace acepción de personas, 35sino que en toda nación el que le teme y hace lo justo, le es acepto. 36El mensaje que Él envió al pueblo de Israel, predicando paz por medio de Jesucristo, que Él es Señor de todos.
37»Ustedes saben lo que ocurrió en toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó, 38cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con Él.
39»Nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Y también le dieron muerte, colgándolo en una cruz. 40Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, 41no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con Él después que resucitó de los muertos.
42»Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos. 43De Él dan testimonio todos los profetas, de que por Su nombre, todo el que cree en Él recibe el perdón de los pecados».
44Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. 45Todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, 46pues los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios. Entonces Pedro dijo:
47«¿Puede acaso alguien negar el agua para que sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo lo mismo que nosotros?». 48Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le pidieron que se quedara con ellosunos días.

Salmo 99

1¡El Señor reina, estremézcanse los pueblos;
Él está sentado como Rey sobre los querubines, tiemble la tierra!
2El Señor es grande en Sión,
Y exaltado sobre todos los pueblos.
3Alaben Tu nombre grande y temible;
Él es santo.
4El poder del Rey ama la justicia;
Tú has establecido la equidad;
Has hecho juicio y justicia en Jacob.
5Exalten al Señor nuestro Dios,
Y póstrense ante el estrado de Sus pies;
Él es santo.
6¶Moisés y Aarón estaban entre Sus sacerdotes,
Y Samuel entre los que invocaron Su nombre;
Ellos clamaron al Señor, y Él les respondió.
7Les habló en la columna de nube;
Guardaron Sus testimonios,
Y el estatuto que Él les dio.
8Oh Señor, Dios nuestro, Tú les respondiste;
Fuiste para ellos un Dios perdonador,
Pero también vengador de sus malas obras.
9Exalten al Señor nuestro Dios,
Y póstrense ante Su santo monte,
Porque santo es el Señornuestro Dios.

Proverbios 6

1Hijo mío, si has salido fiador por tu prójimo,
Si has dado promesa a un extraño,
2 Si te has enredado con las palabras de tu boca,
Si con las palabras de tu boca has sido atrapado,
3Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate,
Ya que has caído en la mano de tu prójimo:
Ve, humíllate e importuna a tu prójimo.
4No des sueño a tus ojos
Ni adormecimiento a tus párpados;
5Líbrate como la gacela de la mano del cazador
Y como ave de la mano del que caza.
6¶Ve, mira la hormiga, perezoso,
Observa sus caminos, y sé sabio.
7La cual sin tener jefe,
Ni oficial ni señor,
8Prepara en el verano su alimento
Y recoge en la cosecha su sustento.
9¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10«Un poco de dormir, un poco de dormitar,
Un poco de cruzar las manos para descansar»,
11Y vendrá tu pobreza como vagabundo,
Y tu necesidad como un hombre armado.
12¶La persona indigna, el hombre malvado,
Es el que anda con boca perversa,
13El que guiña los ojos, el que hace señas con los pies,
El que señala con los dedos,
14El que con perversidad en su corazón, continuamente trama el mal,
El que siembra discordia.
15Por tanto, su desgracia vendrá de repente;
Al instante será quebrantado, y no habrá remedio.
16¶Seis cosas hay que el Señor odia,
Y siete son abominación para Él:
17Ojos soberbios, lengua mentirosa,
Manos que derraman sangre inocente,
18Un corazón que trama planes perversos,
Pies que corren rápidamente hacia el mal,
19Un testigo falso que dice mentiras,
Y el que siembra discordia entre hermanos.
20¶Hijo mío, guarda el mandamiento de tu padre
Y no abandones la enseñanza de tu madre;
21Átalos de continuo en tu corazón,
Enlázalos a tu cuello.
22Cuando andes, te guiarán;
Cuando duermas, velarán por ti;
Al despertarte, hablarán contigo.
23Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza luz,
Y camino de vida las reprensiones de la instrucción,
24Para librarte de la mujer mala,
De la lengua suave de la desconocida.
25No codicies su hermosura en tu corazón,
Ni dejes que te cautive con sus párpados.
26Porque por causa de una ramera uno es reducido a un pedazo de pan,
Pero la adúltera anda a la caza de la vida preciosa.
27¿Puede un hombre poner fuego en su seno
Sin que arda su ropa?
28¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos
Sin que se quemen sus pies?
29Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
Cualquiera que la toque no quedará sin castigo.
30No se desprecia al ladrón si roba
Para saciarse cuando tiene hambre;
31Pero cuando es sorprendido, debe pagar siete veces;
Tiene que dar todos los bienes de su casa.
32El que comete adulterio no tiene entendimiento;
El que lo hace destruye su alma.
33Heridas y vergüenza hallará,
Y su afrenta no se borrará.
34Porque los celos enfurecen al hombre,
Y no perdonará en el día de la venganza.
35No aceptará ningún rescate,
Ni se dará por satisfecho aunque le des muchos presentes.

Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © The Lockman Foundation — cortesía de YouVersion.

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