Adornando una novia
El domingo pasado el tema fue buscando una novia. Ya fue encontrada. Ahora hay que adornarla.
Y adornar, aquí, quiere decir alhajar: ponerle joyas.
“Maridos, amad á vuestras mujeres, así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, 26 Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, 27 Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha.”
— Efesios 5:25-27 (NBLA)
La palabra es de mujer
Iglesia viene del griego ekklesía, y significa llamados afuera, apartados. También es nombre femenino: no es «iglesio».
Eso cambia cómo se lee todo el pasaje. La iglesia no es un edificio ni una institución: es una joven que el Padre cría, educa y prepara para un matrimonio.
Y la Escritura pone la vara donde nadie la esperaría:
“Porque donde están dos o tres reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos».”
— Mateo 18:20 (NBLA)
Dos o tres ya son un cuerpo. No hace falta una multitud. De hecho, no es una multitud: no temáis, manada pequeña. Los musulmanes son millones. Los budistas son millones. La iglesia de Cristo es un grupo pequeño, apartado, elegido.
El siervo que llevaba joyas
Aquí está la imagen que da título al mensaje.
“Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.”
— Génesis 24:10 (NBLA)
Cuando Abraham envió a su siervo a tierra lejana a buscar esposa para Isaac, no lo mandó con las manos vacías. Lo mandó con alhajas: collares, zarcillos, oro. Regalos para Rebeca.
Rebeca representa a la iglesia. Isaac representa a Cristo.
Y aquí está el punto, porque en griego don significa regalo:
“En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que sean ignorantes.”
— 1 Corintios 12:1 (NBLA)
Los dones son las joyas. Son lo que el Novio manda por adelantado para que la novia esté adornada cuando Él llegue.
Dios no quiere una novia que dé lástima
El obispo lo dijo sin rodeos, y conviene repetirlo tal cual.
Dios no quiere para casarse una joven pobre, despeinada, con los zapatos sucios y el vestido roto. No la quiere lastimosa. La quiere hermosa, bien vestida, alegre — y alhajada con muchos dones.
Y aclaró lo obvio antes de que alguien se confundiera: no vaya el lunes a comprarle collares de oro. Los regalos los pone Cristo.
“Empero á cada uno de nosotros es dada la gracia conforme á la medida del don de Cristo. 8 Por lo cual dice: Subiendo á lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dió dones á los hombres. 9 (Y que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero á las partes más bajas de la tierra? 10 El que descendió, él mismo es el que también subió sobre todos los cielos para cumplir todas las cosas.) 11 Y él mismo dió unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores;”
— Efesios 4:7-11 (NBLA)
Palabra de sabiduría. Palabra de ciencia. Fe. Dones de sanidad. Milagros. Profecía. Discernimiento. Diversos géneros de lenguas. Interpretación.
Todos repartidos por el mismo Espíritu, a cada uno en particular, como él quiere.
Cuando el cuerpo recibió sus joyas
Ese cuerpo empezó a formarse un día concreto.
Ciento veinte personas encerradas diez días en el aposento alto, sin saber qué iban a recibir. Entre ellas, María. Y al décimo día, cerca de las nueve de la mañana, un estruendo, un viento recio, y lenguas repartidas como de fuego.
Los que miraban dijeron que estaban borrachos. Pedro respondió que no, que era temprano, y que aquello era lo que Joel había anunciado.
Ahí el cuerpo recibió sus dones, y eso lo hizo distinto de todos los demás grupos que había en Jerusalén.
Perfectos, pero no impecables
“Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto.”
— Mateo 5:48 (NBLA)
Alguien podría decir: entonces yo no pertenezco a este cuerpo, porque tengo imperfecciones.
No es esa la palabra. Perfecto aquí no significa impecable: significa completo, desarrollado, maduro. Llegar a un crecimiento espiritual con entendimiento — sabiendo en quién se ha creído, a quién se adora y hacia dónde se va.
El obispo lo ilustró con su propia historia. Hasta los diecisiete años fue muy religioso: rezaba todos los días, se persignaba, repetía el ángel de la guarda antes de dormir. Lo hacía por enseñanza de sus padres, sin entender lo que hacía. «En mi vida nunca hubo un cambio. Nada.»
Después leyó:
“Y estas señales acompañarán a los que han creído: en Mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas;”
— Marcos 16:17 (NBLA)
Y se preocupó. Yo creo en Jesucristo y no hablo nuevas lenguas. Oró tres meses pidiéndolo, hasta que en una vigilia — por el año 64 — lo recibió.
De ahí sale una advertencia que también dio: no se fabrique un don. Contó de un hermano que, angustiado por no hablar en lenguas, se buscó una palabra en Apocalipsis y llegó al culto repitiendo crisopraso. Eso no es. Lo da el Espíritu a quien lo pide creyendo.
Las diez que esperaban
“»Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio.”
— Mateo 25:1 (NBLA)
Fíjese en lo que las diez tenían en común. Las diez eran vírgenes. Las diez estaban ataviadas. Las diez esperaban al mismo esposo. Las diez se durmieron.
La única diferencia era el aceite de reserva.
El obispo lo explicó con un recuerdo de infancia: la chonchona, esa lámpara casera de botella con mecha y parafina que alumbraba los dormitorios pobres. Hacia las cuatro y media de la mañana empezaba a dar lamparazos, a chisporrotear — se le estaba acabando el combustible. Había que echarle más para que siguiera.
Así se ven, dijo, muchos creyentes. Unos con la lámpara bien encendida, con fe y con los dones vivos. Otros pestañeando.
Y no se detuvo en la banca. También apuntó al púlpito: iglesias estáticas, predicadores sin fuerza, pastores que se han enfriado y se han contaminado con el mundo, y que por eso ya no pueden corregir a nadie — porque no les permite su vida corregir.
Sin mancha
El cierre volvió a la novia.
“Toda tú eres hermosa, amada mía, Y no hay defecto en ti.”
— Cantares 4:7 (NBLA)
Una joven sin tacha. Sin defecto. Sin nada que reprocharle.
Esa es la iglesia de Cristo: una joven alhajada con los dones del Espíritu — uno con visiones, otro con lenguas, otro con interpretación, otro con don de milagros, otro con sanidad.
El Esposo se ha tardado. Han pasado veinte siglos. Pero las señales están cumpliéndose, y viene.
La pregunta no es si Él va a llegar. Es si usted va a tener aceite en la lámpara cuando llegue.
IJFA


