Fe de Abraham y el pacto divino

Una palabra que usamos mal

“Y Abram creyó en el S eñor , y Él se lo reconoció por justicia.”

— Génesis 15:6 (NBLA)

Es de los versículos más citados de la Biblia, y el Pastor abre justamente por ahí para complicarlo:

Cuando nos dicen «¿crees en Dios?», todos decimos que sí. Todos afuera pueden tener fe, pueden creer. Pero no es tan fácil creer.

La palabra hebrea que se traduce «creyó» no describe un sentimiento.

Describe una postura: estar firme, apoyarse, tener una confianza que nadie logre hacer dudar ni doblar.

Es mucho más que sentir. «Ay, Señor, te siento.» Más allá. Es más que un sentimiento.

Y de ahí sale la imagen que usa para explicarlo, que es de cuartel: cuando llaman a alguien y se pone firme. Abraham no estaba emocionado. Estaba plantado.

El Pastor agrega una observación que se queda: eso se nota desde afuera.

Cuando usted le tiene miedo a un perro, ¿sabe qué pasa? El perro lo sabe. Siente lo que de usted sale.

Nunca conformes

Antes de llegar al pacto se detiene en algo incómodo. Trae la parábola de la viña —los que entraron a las ocho de la mañana y los que entraron a las cinco y media, todos con el mismo denario— y pregunta si uno se quedaría tranquilo.

Muchas veces nosotros, en nuestra fe o en nuestra confianza en Dios, nunca estamos conformes. Nunca.

Abraham sí. «Aquí estoy, Señor. Haz lo que quieras conmigo.»

El pacto viene después

Y aquí hay un orden que el mensaje subraya:

Si es verdad que hemos creído a Dios, es entonces cuando Dios empieza a hacer el pacto. No fue antes.

Dios le manda partir una becerra, una cabra y un carnero de tres años, y poner cada mitad frente a la otra. Las aves no las parte.

Para Abraham eso no era raro. Vivía rodeado de esa costumbre.

Cómo se sellaba un pacto

El Pastor explica el rito, y lo hace desde su propia vida.

En la antigua Mesopotamia los pactos de sangre eran alianzas legales y políticas. Se partían los animales por la mitad y las dos partes caminaban entre las mitades — por el centro, no por el lado. Romper después ese pacto significaba invocar sobre uno mismo la maldición del transgresor.

Y baja dos veces a lo propio: el pacto de sangre que hizo de niño con un amigo, cortándose; y el anillo que se puso a los siete años de casado, junto con su esposa.

Fue el pacto que los dos hicimos, y hemos caminado juntos hasta el día de hoy. Con altos, con bajos, pero seguimos felices.

Y hace una aclaración que no conviene saltarse: Dios nunca dijo que el pacto de sangre fuera de esa forma. Hacer heridas, hacer cosas locas — nunca.

Lo que rompe el molde

Aquí está el centro del sermón, y es un detalle que se lee mil veces sin verlo.

Si el pacto se sella caminando los dos entre las mitades, uno esperaría que Abraham caminara. Pero Génesis 15 dice otra cosa: Abraham estaba dormido.

Lo que pasó entre los animales divididos fue

un horno humeando y una antorcha de fuego.

Solo Dios pasó. Las dos veces. Tomó las dos partes del pacto.

Y el Pastor dice por qué:

Porque Dios conoce nuestra vida. Dios sabe que muchas veces cabeceamos. Sabe que muchas veces vamos a decaer, que muchas veces no vamos a cumplir la promesa, que no vamos a cumplir lo que le hemos prometido.

Por eso el pacto no queda colgando de nuestra constancia. Si dependiera de que nosotros cumpliéramos nuestra mitad, ya estaría roto.

No te dijo… «yo sé que tú eres débil. Yo sé que tú puedes fallar, Christian.Yo sé que tú puedes errarle al blanco. No te preocupes. Porque en el madero de la cruz, aquello pagó el precio por nosotros. Yo lo voy a hacer.»

Adonde llega

De ahí el mensaje enlaza dos pasajes más.

Jeremías 31:31-34. Un pacto nuevo, distinto del que hicieron los padres — porque aquel lo invalidaron.

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y con la casa de Judá: 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fuí yo un marido para ellos, dice Jehová: 33 Mas éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y escribiréla en sus corazones; y seré yo á ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce á Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

— Jeremías 31:31-34 (NBLA)

Lucas 22:20. La misma sangre, cumplida en otro.

“De la misma manera tomó la copa después de haber cenado, diciendo: «Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes.”

— Lucas 22:20 (NBLA)

El mismo rito de Génesis 15, con el mismo que camina solo.