La puerta angosta

Texto base: Lucas 13:22-30 · También:Lucas 9:62 · Mateo 11:29-30 · Jeremías 17:10

Se nota a quién sigues.

Una pregunta que Jesús no contesta

El sermón lee Lucas 13 completo, desde el versículo 22, y se detiene en el intercambio que abre el pasaje:

«Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque osdigo que muchos procurarán entrar, y no podrán.» (Lucas 13:23-24)

El Hermano Jonás subraya lo que casi nunca se subraya: Jesús no responde la pregunta. Le preguntaron unnúmero y contestó con una orden.

No preguntéis esas cosas. Preocúpate realmente de esforzarte.

Y el verbo importa. No dice entrad: dice esforzaos. La puerta es angosta y el camino es difícil, y esa dificultadno es un defecto del diseño — es el dato con el que hay que contar.

Los que estuvieron adentro

Lo que sigue en el pasaje es la parte incómoda, y el sermón no la esquiva:

«Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetasen el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.» (Lucas 13:28)

La lectura que hace es directa:

Este crujir de dientes es para aquellos que estuvieron en la iglesia pero no guardaron como Él quería.

Y le pone nombre al error:

Tenemos un falso concepto: por hacer algunas cosas, tenemos el reino ganado.

Enseguida el texto abre hacia afuera —«vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur»—, y esecontraste es todo el argumento del pasaje en una imagen: hay gente que viene de lejos y entra, y gente queestaba cerca y queda afuera.

El joven rico

Para explicar de qué se trata «no guardar como Él quería», va al joven que se acerca preguntando qué hacerpara heredar el reino. El detalle que rescata es el que suele perderse:

«Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta.» (Marcos 10:21)

¿Acaso no a nosotros también nos amó?

Y de ahí saca la frase que resume el sermón entero:

El joven rico quería servir al Señor a su manera.

«Señor, a mi manera. No puedo dejar estas cosas. Te puedo seguir, pero hasta ahí.»

Contra eso pone el inventario que todos sabemos recitar:

Es que yo voy a la iglesia, yo trabajo, yo toco instrumentos, yo estoy predicando…

Quién ve de verdad

Aquí el mensaje trae dos textos que son la bisagra de todo lo anterior:

«Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu.» (Romanos 8:27)

«Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino,según el fruto de sus obras.» (Jeremías 17:10)

La conclusión es la que ordena el sermón: el inventario de actividades no es lo que se mide. Lo que se midees lo que hay detrás, y eso solo lo ve uno.

Venir a mirar o venir a buscar

Este es el tramo más pastoral, y la distinción es fina:

Él no quiere que vengamos a ver, a mirar, a observar. Él quiere que vengamos a tocar, a sentir de Él.

No quiero que me vengas y me observes. Quiero que vengas y me busques.

Y lo aterriza:

No es solamente ir a la iglesia, llegar temprano, tocar un instrumento, orar día por medio.

Cuenta también lo que pasó cuando Juan predicaba —«generación de víboras»— y la iglesia se llenaba:

Y después de un tiempo quedaron. El temor era momentáneo.

El arado

De ahí al hombre que quiere seguir pero primero quiere despedirse de los suyos:

«Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.» (Lucas9:62)

Y hace la distinción que salva el pasaje de volverse cruel:

Podemos caer y volver a levantarnos. Pero si caemos y nos quedamos ahí

No es que mirar atrás una vez descalifique. Es quedarse mirando.

Ven y vive conmigo

El cierre está en el yugo:

«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí… porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.» (Mateo11:29-30)

Y lo lee de una manera que vale anotar. Un yugo es de a dos. Por eso:

No es «sígueme» de seguirme de lejos, ver cómo llevo el yugo. Es ven y vive conmigo.

Y remata donde duele, con la escena de la negación:

«¿Es que tú eres uno de ellos?» — «No, yo no soy cristiano, yo no hago esas cosas.»

Lo que pasa es que tenemos vergüenza. Nos escondemos.

Ahí cierra el título.

La puerta es angosta porque no cabe uno con su manera propia puesta. Y se nota a quiénsigues: no por lo que dices dentro del templo, sino por lo que contestas cuando alguien te pregunta afuera.