El diagnóstico
El sermón no empieza con un texto. Empieza con algo que cualquiera reconoce:
Antiguamente uno daba su palabra y sabía que esa persona iba a llegar ese día y que iba a estar ahí. Hoy uno sabe que le puede dar la mano, el abrazo, y que probablemente no cumpla.
Vivimos en un mundo de incertidumbres donde las confianzas se perdieron. Y eso no se queda afuera: desgasta la fe. Porque quien no confía en nadie termina sin creer prácticamente en nada.
El que no cree en Jesucristo ha perdido todo. Con las confianzas es exactamente lo mismo.
Tres lugares donde la incertidumbre ya estaba
El Pastor advierte que esto no es de ahora, y va a buscarlo a la Escritura.
La pareja
“Engañosa es la gracia y vana la belleza, Pero la mujer que teme al S eñor , esa será alabada.”
— Proverbios 31:30 (NBLA)
Aclara de entrada que no está hablando de la mujer: lo que dice del femenino vale igual para el masculino. El punto es otro — uno elige por cualidades. Porque es activa, porque es fuerte, porque tiene algo que agrada. Y las cualidades pueden ser engañosas, porque no muestran el interior.
Es muy diferente ver cualidades que convivir en el tiempo. Porque la persona va cambiando.
Y trae un ejemplo que ordena la idea: Jacob trabajó siete años por Raquel, y después otros siete. La conoció antes de que fuera suya. Hoy uno se empareja y recién ahí empieza a conocer a la persona.
De ahí sale la incertidumbre que se vive dentro de la propia casa: en qué momento me traicionan, o traiciono; en qué momento me gritan, o grito.
2. La amistad
“Miren, la hora viene, y ya ha llegado, en que serán esparcidos, cada uno por su lado , y me dejarán solo; y sin embargo no estoy solo, porque el Padre está conmigo.”
— Juan 16:32 (NBLA)
El que más le había prometido fue el que lo negó. «Mi vida daré por ti», dijo Pedro. Y negó tres veces.
¿Le gustaría un amigo así a usted? Sea sincero.
El Pastor cuenta acá algo propio: salió con amigos, se armó problema, y lo dejaron solo. «Me dejaron un ojo negro, me dejaron solito.» Ahí, dice, se ve si la persona es de fiar — en la dificultad, no en los momentos buenos.
Pero hay un detalle que no deja pasar: Jesús no se sorprendió. Ya conocía el corazón de Pedro y por eso había orado por él. Y aun sabiendo que lo iba a negar, siguió contando con él.
3. El día de mañana
“No te gloríes del día de mañana, Porque no sabes qué traerá el día.”
— Proverbios 27:1 (NBLA)
El más cotidiano de los tres. No sabes si lavar, porque no sabes si va a llover. No sabes si salir con abrigo o más liviano.
El giro: la iglesia tampoco
Hasta aquí el sermón podría quedarse en el mundo de afuera. Pero no se queda. Entre nosotros, hermanos, hemos perdido la confianza el uno con el otro. Uno espera que usted esté aquí. Que no falte. Que no falle. Porque si yo no fallo, espero que usted tampoco.
Y trae un dato que incomoda: una encuesta sobre en qué instituciones confía la gente, donde Carabineros quedó arriba y la iglesia alrededor del séptimo lugar.
Sabemos que en la justicia hay corrupción, sabemos que en la política hay corrupción. Pero en la iglesia no debería haberla.
Su conclusión es directa y no reparte culpas hacia afuera:
La gente ha perdido la confianza en Dios por las personas que hay dentro de la iglesia. Por nosotros. Porque nosotros estamos reflejando lo bueno y lo malo de Dios — y Dios no tiene cosas malas. Pero la gente ve a través de nosotros.
La pregunta que da vuelta el asunto
Y después de eso, la vuelta de tuerca:
> ¿Confía usted en el Señor? Ahora la pregunta: ¿confía Dios en nosotros?
No es retórica. El Pastor recuerda que Dios ya sabe cómo somos —como sabía lo
de Pedro— y que eso no es excusa. Lo que Él espera es que cambiemos.
Qué es realmente una traición
Acá está la definición que se queda pegada, y que es más ancha de lo que uno
supone:
Una traición no quiere decir que usted engañe a su esposo o a su hijo. Una traición es cuando usted confirma algo y después no lo hace. Eso es lo que hizo Pedro: le confirmó a Jesús que no lo negaría, y después lo negó.
Con esa definición, la lista de traiciones propias se alarga bastante. Y de ahí salen las tres preguntas con que cierra:
¿Cuántas veces hemos traicionado?
¿Hasta cuándo dejaremos de traicionar?
¿Qué vamos a hacer para mejorar la confianza?
El contrapeso
> «Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni
> potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni
> ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios.» — Romanos 8:38
> ¿Vio alguna nota de incertidumbre en las palabras de este hombre?
Ninguna. Y esa es la salida que propone el sermón: no negar que el mundo es
incierto —«va a seguir habiendo dificultades y todo va a ir empeorando»— sino
ser uno de fiar en medio de eso.
> Uno por uno, el diablo destruye a la gente. Pero estando unidos, entrelazados
> uno con el otro, créanme que se le hace difícil.
IJFA


