Bien por mal: la carrera que no se gana corriendo rápido Reflexión a partir del mensaje de Jonathan Soto sobre 1 Tesalonicenses 5:12-15

Hay un instinto que todos conocemos aunque nadie nos lo enseñó: cuando alguien nos hace daño, la mente busca de inmediato la forma de devolverlo — y de preferencia, un poco peor. Ese impulso tan humano es el punto de partida de este mensaje, que termina llevándonos a una de las enseñanzas más contraintuitivas del evangelio: pagar el mal con bien.

Antes de aplicar, hay que entender El mensaje arranca con algo poco común en una prédica: una clase de cómo leer la Biblia. Antes de preguntarnos "¿qué me dice este pasaje a mí, hoy?", hay que preguntarse primero qué le decía Pablo a la iglesia de Tesalónica, hace dos mil años. No es un tecnicismo — es evitar sacar de contexto, como un mensaje de texto escrito en mayúsculas que se malinterpreta como un grito.

"Inicialmente esta carta no era para usted ni para mí, sino que era para Tesalónica."

Solo después de entender ese contexto —una iglesia formada por judíos y gentiles, perseguida por la cultura griega, fundada por Pablo en su segundo viaje misionero— se puede cruzar el puente hacia lo que significa para nosotros hoy.

Una radiografía de la iglesia primitiva Lo que este pasaje ofrece, dice el predicador, es "una radiografía": deja ver lo que hay debajo de la carne, lo que no está a simple vista. Y lo que revela es sorprendentemente familiar. La iglesia de Tesalónica —a la que Pablo elogia como ejemplo para toda la región— tenía, ya desde el siglo I, tres tipos de personas que hoy podríamos pensar que son "problemas modernos":

Los ociosos, que no querían hacer nada. Los de poco ánimo, desanimados, cansados. Los débiles, que necesitaban sostén. Y la instrucción de Pablo no es sacarlos de la iglesia. Es contenerlos, guiarlos, sostenerlos — con paciencia.

"No es la voluntad del Señor sacar a alguien... es de complementar a ese que está mal, de sostener a ese que está débil."

No es velocidad, es resistencia Uno de los giros más memorables del mensaje llega cuando se detiene en la palabra "mirad" — observen, deténganse. Porque, dice, esto no es una carrera de velocidad.

"No se trata del que corre más rápido, se trata del que más resiste. No se trata del que va adelantando a otro en el camino, se trata del que es capaz de detenerse y alentar al que está cayendo."

Es una imagen que cambia el marco por completo: la vida cristiana no premia al que "gana" dejando atrás a los demás, sino al que se detiene por el que se está quedando.

La milla extra, sin esperar que el otro dé el primer paso El corazón del mensaje está en el mandato de "seguir siempre lo bueno" — una palabra que, explica, implica iniciativa: moverse, trasladarse, dar el primer paso, sin esperar que el otro actúe primero. Y no se limita a la iglesia:

"Esto no se acaba acá, hermano. Esto sigue en la casa... cuando yo estoy en el auto, cerca del ciclista; cuando estoy en el trabajo."

De ahí salta a Mateo 5: amar a los enemigos, bendecir a los que maldicen, hacer el bien a quien nos cae mal — porque el sol de Dios sale sobre justos e injustos por igual, y amar solo a quien nos ama "no tiene ningún mérito, hasta los publicanos hacen eso". Pasa por Lucas 23:34 ("Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"), Romanos 12:17-19 y cierra en 1 Pedro 3:8-9: no devolver mal por mal ni maldición por maldición, sino, por el contrario, bendecir.

El cierre: una pregunta para toda la semana El mensaje no termina en una fórmula, sino en una pregunta para llevar a la semana:

"Qué oportunidad Dios nos dará para reflejar su carácter... no lo vea como un problema, vea qué oportunidad Dios nos brindará."

Esa es, al final, la propuesta completa: cambiar la pregunta de "¿cómo le devuelvo esto?" por "¿qué oportunidad es esta para parecerme más a Dios?".

Basado en la transcripción completa del mensaje de Jonathan Soto, "Bien por mal", sobre 1 Tesalonicenses 5:12-15.